Acoria Huancavelica en una narrativa de Marino Ayuque Rodriguez

Un día en el Paraíso perdido
( cuento)

Cursábamos el quinto se secundaria en la Gran Unidad Escolar “La Victoria de Ayacucho” de Huancavelica y por nuestra decisión cada año visitábamos un lugar del departamento para conocer y de “paseo”. Ese año nuestro destino sería Acoria, un lugar sugerente conocido como el “paraíso perdido”, según nuestro tutor de promoción don “Vitaco”, quien nos animó teniendo en cuenta los escasos fondos que habíamos acumulado ese último año de estudios con cuotas y actividades realizadas.

El día elegido, mochilas y maletines y otros costalillos en hombro o mano, aprovisionados de fiambres que nuestras mamitas nos habían preparado, a las cinco de la mañana ya estábamos haciendo fila o cola en la boletería de la estación del ferrocarril Huancavelica – Huancayo, atendidos por un amable señor que tenia un impecable uniforme y gorrita graciosa como en las películas mexicanas que en ese tiempo se veia mucho en el cine sideral.

Como muchachos franciscanos, por lo de escasos recursos, compramos boletos para los vagones de segunda, donde los asientos eran como las bancas de los parques, de madera y se viajaba junto con los carneros, perritos y otros animalitos que nuestros paisanos llevaban hasta diferentes paraderos.

Chucu chucu chucu y el tren macho inicia su lento rodar, dejando atrás la villa capital para luego adentrarse y serpentear las orillas del rio ichu. Adentro los palomillas paseantes hacíamos de las nuestras, cantando canciones revolucionarias de aquel tiempo como “desde lima viene la guardia civil, dicen a ayudarnos, para no morir…. Fuera guardias de m,..fuera guardia civil…” Y otras canciones mas románticas como “Huancavelica tierra del mercurio, donde se encuentra amor verdadero, quererte pude olvidarte no…”

Y así, casi sin darnos cuenta ya estábamos acercándonos Yauli, mientras el tren macho seguia acariciando las aguas mansas del río Ichu, abriéndose paso entre campos llenos de flores de retama, ichu y tuna., hasta llegar a la estación de Acoria, parada obligatoria del tren.

“Vitaco”, como llamábamos cariñosamente a nuestro tutor don Vitaliano Jurado, se mataba haciéndonos indicaciones de orden y otras órdenes, pero los jóvenes palomillas bajamos en tropel pues todos estábamos ansiosos de conocer el pueblo conocido como “paraíso perdido”.

Ya en las instalaciones de la vieja estación, nos da la bienvenida un hermoso y radiante sol y mas allá el alcalde de la ciudad un tipo amable de apellido Gonzales, bien refinado y efusivo, quien nos dice: ” Bienvenidos jóvenes a mi tierra Acoria, hoy día realmente van a conocer el Paraíso, les invito seguirme”. Nosotros lo seguimos hasta llegar a la plaza principal, bajando unas escalinata de piedras adornado con flores y arboles y con un bello parque donde se levanta majestuoso la iglesia San Lorenzo mandada construir por Pizarro y mas allá el puente colgante encima del rio Ichu.

“El distrito de Acoria, constituye uno de los pueblos más antiguos de la región de Huancavelica, su historia se remonta al incanato, esta tierra estaba habitada por las belicosas tribus de los wancas y los vilcas”, nos explica el Alcalde.

“Francisco Pizarro, producida la conquista del Perú, se dirigió de Cajamarca a Cuzco en 1533, siguiendo la ruta hacia el sur por el camino del inca “Inkañan”, llega a Alto Pongo, uno de los ramales de la cordillera central, donde castigado por el frío resuelve bajar por la quebrada de Panccán – Huacco, pasando por Pascamarca, un lugar de clima delicioso en las orillas del río Ichu.

El numeroso ejército español al pie de San Cristóbal, cruza el río Ichu y se ponen a descansar en dicho lugar, donde son objeto de grandes atenciones de parte de los pobladores, por lo que los españoles al mando de Francisco Pizarro, resolvieron fundar el pueblecito con el nombre de “San Lorenzo.”

Casi al borde de la emoción, el Alcalde de Acoria, nos sigue explicando “Trazaron una sola calle y una plaza que hoy se llama San Lorenzo y abrieron los cimientos del templo para San Lorenzo, patrón del pueblo. Este acontecimiento produjo regocijo y contento, los pobladores acudieron con tinyas y pitos a construir el templo de Cápac Apu.

Cuando se terminó de construir el templo compuesto de tres naves con fachada de “Piedra sillar” (Checco – Rumi) que fueron trasladados desde las canteras de Huayllaccoto y Huiñacc. “, seguia contándonos orgulloso Alcalde.

Antes del medio día iniciamos el recorrido por el pueblo de Acoria, por los dos Barrios de Pacas Y Chaccas, mientras nuestro improvisado guía nos seguia marrando la historia de su pueblo: ” …con el transcurso del tiempo los pobladores dividieron la ciudad en dos barrios antagónicos Chaccas y Pacas, los del barrio de Pacas se jactan y enorgullecen de ser la cuna del famoso Ñahuincopa, quien fuera el descubridor de la famosa mina de Santa Bárbara de Huancavelica, de la que luego se hizo dueño Amador de Cabrera en 1564, por regalo de Ñahuincopa para que éste mo castigue a su hijo que habia perdido un sombrero en la fiesta de Corpus.

El bonachón Alcalde, orgulloso de sus raíces, hombre notable de su pueblo y servidor por vocación, por que en ese tiempo los alcaldes no ganaban ni un sol, lo hacían por servir a su pueblo y a pesar que sus presupuestos eran magrisimos, tenían un pueblo ordenado, limpio, con hermosas calles empedradas y flores y arboles por todos lados, este señor ademas conocedor de su historia, nos seguía relatando mientras recorríamos las bellas calles, puentes e iglesias.

” El nombre Acoria proviene de la palabra quechua “Jacuri” que quiere decir “Vamos” pues sucedió que por los años 1560, Acoria estaba poblada de indios dedicados al pastoreo y los españoles residían en este lugar por su clima delicioso y cuando se produjo el prodigio de la aparición del señor de Acoria, todos los indios con gran alborozo recorrían por todos los ámbitos del pueblo gritando “ Jacuri, “Jawamusum”, “Jacuri”, “Jacuri”. Que quiere decir “vamos, vamos a ver”

Todos repetían esa palabra quechua. Los españoles de tanto oir “Jacuri”, “Jacuri”, denominaron al Cristo crucificado con le nombre de “Señor de Acoria”, ya por la ley del mínimo esfuerzo se dice simplemente Acoria, aunque existe otra versión y era que Acoria derivaría de dos palabras quechuas “ Ajo – Joria”, que quiere decir “Despertar de arena”, sobre esta teoría, una tradición afirma que en lugar denominado Accobado a seis kilómetros de Acoria, el derrumbe de un cerro represó al río Ichu y que mantuvo durante quince días en zozobra a los pobladores de dicha zona, pero al desembalsar el agua quedó una gran extensión llena de arena con vestigios de oro que brillaba rutilante con los rayos solares. Entonces los pobladores repetían a menudo “Acco – Ccori”, que en su evolución forma la palabra Acoria.”

Aquel día disfrutamos de Acoria, en verdad es un paraíso, con su rio iichu, su estadio verde, sus campos, su puente colgante, su bella iglesia, su gente amable, su comida y sobre todo su clima, en fin un pueblo que hace honor a su nombre, ahí nos enteraríamos que los negritos de Huancavelica en realidad se originaron alli y desde este pueblo se expandió hasta Cerro de Pasco, Huánuco, a la misma ciudad de Huancavelica e incluso a Bolivia, pues los caporales tendrían sus orígenes aqui,

Allí tambien nos enteramos que el escritor Manuel Scorza vivió en este pueblo, aunque algunos afirman que nació en este pueblo, que les contaré luego, porque en este mismo momento ya estoy subiendo al tren macho, para regresar a mi casa luego de haber pasado un hermoso día… De haber conocido el Paraiso.

Marino Ayuque.

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