Las enseñanzas del obispo de los pobres “Tayta Demetrio” en jueves Santo.

Las enseñanzas del obispo de los pobres “Tayta Demetrio” en jueves Santo.
(Cuento)

“Padre Demetrio”, Monseñor Demetrio”, “Tayta Demetrio”, lo llamaban cariñosamente los fieles huancavelicanos, especialmente los campesinos que habían llegado a tener confianza en el “gringo” y lo llamaban así por que no podían pronunciar bien sus nombres.

Antuquito había terminado la primaria. Era un jueves de la semana santa, estaba con su bicicleta paseando por las estrechas calles de la antaña “ciudad del mercurio”, justo cuando pasaba por la esquina de la catedral y la cooperativa de ahorro y crédito, en cuyo primer piso funcionaba el restaurant de su tio Alfonso Rodriguez, en la puerta estaba sentado su tía Isabel, conversando con un hombre que estaba de espaldas, desde donde estaba se apreciaba muy alto para el común de los pobladores del pueblo, esa escena le llamó la atención, por lo que se acercó a su tía para saludarla.
– Buenos días tía, le dice el niño a la señora que estaba conversando con el hombre alto de espaldas, cuando se acercó, se encontró frente a frente con el hombre que tenia unos ojos azules, pero de mirada dulce, que a la primera le daba una confianza total.
– Como te llamas hijo?, le preguntó el hombre blanco y alto, vestido con pantalón y chompra de cuello redondo color negro, con una camisa blanca que apenas le sobresalía el cuello.
– Me Llamo Antuquito señor, le contestó el mozalbete.
– Que gusto conocerte hijo, le contestó y se presentó, yo me lamo William Dermott Molloy McDermott.
– Mucho gusto señor Demetrio, contestó Antuco.
– Jajjajaja, es Dermott hijo.jajaja, pero no importa, acabo de llegar ayer y seré el nuevo Obispo de Huancavelica, asi que espero verte más seguido en la iglesia hijo, por lo pronto hoy que es jueves Santo ve a misa con tu familia.
– Esta bien Padre Demetrio, le dijo el niño, pero cuénteme padrecito de donde viene usted.

– El monseñor sorprendido por la curiosidad del menor, le contesta: Mira Antuquito, yo nací el 10 de mayo de 1930, en un pueblito muy lejano, que está cruzando los mares y se llama Dublín en Irlanda, fui ordenado sacerdote el 5 de junio de 1955 y soy Obispo desde el 4 de julio de 1976, durante catorce años estuve al frente de una parroquia campesina en Huancarama que queda en Apurímac donde aprendí y dominé el quechua, así que esta tarde escucharas la misa en quechua, pero anda a tu casa y avisa a tu mamá y papá, a todos para que vengan a recordar la ultima cena de Jesús.

“Allinmi papay Demetrio”, le dijo el niño y subiendo a su bicicleta se regresa contento a su casa y a toda velocidad se dirige a su barrio La Ascension. Ya en la casa de dice a su mamá y su abuela que el nuevo “Señor Cura Demetrio”, le había encargado avisar que vayan todos a la iglesia

La familia en pleno y por supuesto Antuquito, aquella tarde de jueves santo, como todos loa años, la abuelita Mamacha Teófila y doña Justina junto con sus hijos, previamente visitan las parroquias de Santo Domingo, San Juan de Dios y San Sebastián de Huancavelica donde prenden cirios y velas, para luego a las cuatro en punto de la tarde estar ya instalados en las bancas de la Catedral.

A la hora indicada, aparece en el púlpito, el Obispo seguidos de varios curas y monaguillos, quien se dirige a los fieles en un perfecto quechua y les dice:

– hijos míos, “El Jueves Santo es el día de recuentro con el señor y no un día para ver si las iglesias lucen bien o mal, debemos aprender a valorar el sacrificio de nuestro Señor Jesús” y a continuación recalca:

“El Jueves Santo constituye el momento central de la Semana Santa y celebramos la Última Cena, el lavatorio de los pies y la oración en el huerto de Getsemaní, y continua el Padre Demetrio.como todos sabemos en la Última Cena Jesús se reunió con los doce apóstoles para despedirse de ellos antes de su muerte que él ya preveía. Además, durante esta cena les anunció que uno de ellos le traicionaría, dando a entender que era Judas Iscariote. Sin embargo, el momento más trascendental de la Última Cena es la Eucaristía, Esto se produce cuando Jesús toma el pan, lo parte y lo reparte entre los comensales diciendo: “Tomad y comed todos de él, porque este es mi cuerpo, que será entregado por vosotros”. A continuación toma un cáliz lleno de vino y les dijo: Tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados, concluyendo : “Haced esto en conmemoración mía”.

En medio de la misa el Padre Demetrio, invita a los fieles pasar al frente con los pies descalzos y cual mismo Jesus, hace el lavado de los pies, recordando el episodio durante la ultima cena y que aparece narrado en el evangelio de San Juan, cuando Jesús se levantó de la mesa, se ciñó una toalla y echó agua en una vasija y se puso a lavar los pies de sus apóstoles, como ejemplo de servicio y de humildad, pasos cuyas enseñanzas siguió el “padre Demetrio” en esta tierra olvidada.
Terminada la Última Cena tuvo lugar otra de las escenas de este Jueves Santo recordadas por los cristianos. Jesús salió al huerto de Getsemaní para orar, pidiendo a sus apóstoles que le acompañaran en la oración, sin embargo, todos cayeron dormidos poco a poco, Jesucristo llega a decir en esa ocasión: “Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”

Oficiado el sermón, el Padre Demetrio les dice a los fieles siempre en quechua:

– “Que Dios llene de paz a ustedes hermanos huancavelicanos en estos días de reflexión. En el Día del Amor Espiritual de Jesús hacia los hombres y de los hombres a Jesús” y tú Antuco, no dejes de estudiar, estudiar y seguir estudiando, apuntándolo con un dedo, pero a la vez esbozando una sonrisa amable.

Antuquito, desde entonces recuerda el día que conoció al gringo “padre Demetrio”, un jueves Santo de 1982, un día importante, para él y mucho mas porque recuerda que así como Cristo, el Padre Demetrio se entregó a la causa de sus hermanos mas humildes.

Con los años, el niño, luego Adolescente Antuquito fue testigo como el padre Demetrio difundió el evangelio con sus cantos y oraciones en el idioma quechua. Así lo demuestran sus diversas traducciones al quechua de la Biblia, del Ritual de sacramentos, el Misal y el Catecismo.

En otras ocasiones Antuco, fue testigo excepcional como el padre Demetrio promovió la atención a los niños y ancianos abandonados, con la creación de comedores populares y asilos de ancianos. Se preocupó por la formación de los jóvenes con la creación del “Colegio Seminario San Juan María Vianney”, el Instituto Pedagógico “Santa Rosa”, y promovió la “Escuela de música Santa Cecilia” donde los niños y jóvenes, varios de ellos hoy presbíteros, cultivaron el amor a Dios mediante la música y el canto.

Era común ver al larguirucho Obispo realizar diversas obras de proyección social a los campesinos a través de Caritas, de quienes se preocupó también por su atención corporal y espiritual, se centró en la formación de los catequistas rurales y la promoción vocacional al sacerdocio y a la vida religiosa fueron algunas de sus prioridades. Como reconocimiento a su gran labor pastoral, en enero de 2006, en el marco de la 87ª Asamblea Plenaria, los Obispos del Perú le otorgaron la Medalla de Santo Toribio de Mogrovejo, por su servicio a la Iglesia en el Perú.

Antuquito, años mas tarde había emigrado a la capital, pero seguía los pasos del gringo mas querido y con alegría escuchó en las noticias que también el Congreso de la República le había otorgado al querido ” Padre Demetrio”, William Dermott Molloy McDermott, la medalla de Honor en el Grado de Caballero, en reconocimiento a su infatigable labor pastoral, educativa y asistencial durante cerca de treinta años en el departamento más pobre del Perú.

El “Padre Demetrio”, estuvo en Huancavelica 26 años, era un hijo más y uno de los mejores, hombre de palabra y de acción, así lo recuerda Antuquito, un hombre sencillo y entregado, y recuerda también con tristeza que el 19 de agosto del 2013, hojeando un periódico se enteró que Dios había recogido al bonachón gringo, a la edad de 83 años de infatigable vida al servicio de los mas humildes, tal cual Cristo.

Marino Ayuque.

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