Cuasimodo en Paucará

Cuasimodo en Paucará.
Relato

Todos los años, el sábado, un día antes del primer domingo siguiente a la Pascua, Antuquito, su abuelita y mamá, se dirigen raudamente a un paradero de camiones y omnibuses cerca al cruce de las rieles del tren al final de la calle Sebastian Barranca donde esperaban una fila de camiones y ómnibus que tenían como destino el pueblo de Paucará.

Aunque viajaron arrumados por toda la noche en la baranda del vehículo, sabían que el día siguiente seria una experiencia inolvidable, siendo las cinco de la mañana, el camión se detiene en la plaza principal de Paucará, al descender a esa hora las calles y plaza están llenas de carpas con comerciantes que venden comidas, artefactos, ropas y lo que puedas imaginar venidos de Huancayo, Lima y otros sitios. Por su parte los lugareños traían desde sus comunidades ganados y productos locales tubérculos, granos y frutos.

En estas fecha Paucará alberga la feria típica mas grande y singular que se puede encontrar en el Perú profundo, es como entrar a un espacio y tiempo distinto, se pueden ver las comunidades originarias de casi toda Huancavelica, donde predomina la presencia de los Chopccas hombres y mujeres con sus vestimentas típicas coloridas.

El pueblo se convierte en un gran mercado que satura todas sus calles, por comerciantes que llegan solo para esta fecha de ciudades como Huancayo, Ayacucho, Huanta, Ica, Lima, Arequipa, Pasco y Huanuco.

Desde las primeras horas del alba, al pie del Cerro Calvario que queda afuera del pueblo, en sus faldas y pampas Antuquito es testigo de un intenso comercio, donde se compra y vende grandes cantidades de vacunos, cuyes, caballos, ovinos, caprinos, ofertados al mejor postor.

Mientras que en las calles la gente va y viene, casi no hay espacio por donde caminar, se puede encontrar artesanías textiles a muy buenos precios, la sección de alimentos nos ofrece una variedad increíble de papas nativas, en la hora de almuerzo no falta la rica pachamanca con humeantes habas recién cosechadas y papas nativas acompañadas con ají y qapchi entre otras delicias.

Ni bien el sol asoma, desde el cerro Calvario, un grupo de danzantes de tijeras, hacen llegar a los Apus su saludo matutino con pruebas de valor y haciendo gala de sus dotes en lo que llaman “Atipanacuy” o duelo entre danzantes de Paucará, Pazos, Yauli, Acobamba, y Tayacaja, quienes entran en contacto con los dioses por más de cuatro o cinco horas, bajo la atenta mirada de los visitantes.

En otro punto del pueblo, un singular e improvisado hipódromo, como cada año será testigo de la carrera de caballos mas audaz y valiente, porque jóvenes y adultos jinetes amateurs con unos cuantos tragos demás y un bolo de coca en sus bocas presionan a los vigorosos caballos a apurar el paso y sentirse héroes aunque sea una vez en su vida.

Mas tarde unas lindas bellas vestidas a la usanza Choppca, dejan con la boca abierta y el corazón acelerado a Antuquito, al mostrar sus encantos y su belleza natural al desfilar en el concurso y elección de la “Sumaq Sipas”, que en castellano seria la chica mas bella de la feria.

Pero Antuquito, a sus ocho años, había acompañado a su madre y abuela, porque de Cuasimodo lo que mas extrañaba eran unos frutos que abundaban en esas fechas, así que se fue a las afueras de Paucará donde le compró a unas paisanas que traían a venderlo en la feria, se sentó en unas piedras bajo un cielo azul y fresco y empezó a comer de una canasta unas rojas guindas y refrescantes tunas recién cosechadas.

Marino Ayuque.

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