El fantasma de Juanita

Santa Barbara es un pueblito de cielos azules impresionantes a donde se llega luego de un ascenso sin piedad y sin descanso, hasta los 4.200 metros sobre el nivel de mar, donde la respiración y el corazón se aceleran al paso de las emociones, Santa Bárbara es el nombre del pueblo donde la mina del mismo nombre tuvo un papel fundamental en la economía del Peru, durante casi 4 siglos.
En medio de esos espectaculares andes vivió durante el apogeo colonial Juanita una joven de buena posición social, con una fortuna considerable, pues era hija de don Demetrio de Olavegoya, dueño de uno de los hornos de fundición donde se procesaba el Cinabrio que se extraía de le dichas minas, por entonces el cinabrio era elemento base para extraer el mercurio, a su vez, ser utilizado en el proceso de amalgamación de oro y plata en los diferentes asientos mineros del virreynato, de alli la importancia de la mina Santa Barbara.
En el mismo pueblo vivía, un joven mestizo llamado Alejo, diminutivo de Alejandro quien era hábil en el idioma castellano y haciendo labores no manuales se habia ganado la confianza de los dueños del horno y aprovechándose de esa circunstancia, el intrépido Alejo había enamorado a Juanita, la hija del mas rico lugareño, pero, se notaba de lejos que Ali era un tipo ambicioso y sus intención era casarse con Juanita solo para conseguir riqueza y subir de posición social.
Por los rumores de la gente, pues sabido es que en pueblo chico todo se llega a saber, su padre Don Maximiliano y sus hermanos Alfonso y Pablo se enteraron del romance y las intenciones del mozuelo Alejo y por supuesto que se opusieron e hicieron lo posible por separarlos, le prohibieron que ambos se vean, los amenazaron, mandaron a golpear al mozo, en fin, cuando mas se oponían, mas los amantes se unian.
Al ver que esa forma de separarlos no funcionaba y enterados de las verdaderas intenciones de Alejo acordaron apelar a la avaricia del joven, lo llamaron y les dieron mucho dinero con la condición de que se fuera a vivir lejos de la ciudad. El hombre aceptó de inmediato y sin molestarse siquiera en despedirse de su enamorada se fue del pueblo y nunca mas se supo de el.
Paso un año, dos y tres y Alejo no daba señales de vida, la joven Juanita habia entrado en una terrible depresión, al verla en ese extremo calamitoso, sus hermanos acordaron enclaustrarla en el Antiguo Convento de la ciudad, pensando que ahi se mejoraría, pero igual ella siguió triste recordando al mestizo su gran amor, donde se la veía orando a fin de que su amado volviera sin mayor éxito. Una noche de angustia en la cual no soportó más la falta de su enamorado, se ahorcó en un árbol que había en el centro del patio del convento, cerca a una fuente de agua.
Dias después de que la enterraran, el fantasma de Juanita empezó a penar, de tal modo que las monjitas la escuchaban gemir y llorar todas las noches en el patio, en el pasillo y hasta se reflejaba en las aguas de la fuente del convento cuando alguna novicia o monja se veía el rostro.
La madre superiora prohibió la salida de las monjas de sus habitaciones después de la puesta del sol y Las apariciones se prolongaron por mucho tiempo e incluso hasta hace pocos años, según cuentan los alumnos que estudiaban en la “nocturna”, quienes afirman haber escuchado voces lastimeras de una mujer que llora. Fueron tanto las quejas que las monjas y los profesores ya no permitieron se siga dictando clases de noche.
Con el pasar de los años, allí funciona el colegio principal de la ciudad, la de mujeres, pero solo de día.
Marino Ayuque.

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