Huancavelica festeja la fiesta de las cruces

Huancavelica, Tierra del Mercurio, festeja a lo grande la fiesta de las cruces. Desde los cuatro `suyos` hace poco han bajado en hombros de los fieles las cruces de Cruz Pata`del barrio de Yananaco.

cruz del Cerro Potocchi, del Señor de Potocchi`, la `Cruz Soltera` del barrio San Cristóbal, y del barrio de Santa Ana `Cruz del Señor de Oropesa. Las cruces bajaron al son de banda de pitureros, entre rezos, cánticos, y bailes populares.
Desde el 25 de mayo, el generoso pueblo de Huancavelica se dio cita en su plaza de Armas en donde previamente se instalaron grandes estrados y apreciaron el concurso de wacrapucus (corneta de cuerno de toro), pitureros y de afamadas bandas de músicos.

Quien llega a Huancavelica estos días verá con asombro, quizá, pero es casi seguro que con alegría, como año tras año lo idénticamente huancavelicano, lejos de perderse con el paso del tiempo, se va arraigando más en el sentimiento popular.

El día central, es día de corrida de toros y se anuncia con “harawi”, este día los obligados, traen los toros más bravos de las estancias más lejanas ayudados por los famosos jaladores de toros, que al son de las melodías de los “waqrapucus”, jalarán a los toros hasta la plaza de toros, ubicada al pie del cerro Potocchi.

Antes, durante la tarde y la noche, anunciando la fiesta, coloridos pasacalles de “pitureros” nos anuncian que ya ha llegado la fiesta de las cruces, quizá la fiesta más grande de la otrora Villa Rica de Oropesa

En la fiesta participa toda la población, propios y extraños se pierden en una celebración que llegó con los españoles y que no se fue con ellos, sino que se enraizó en estas tierras del sol.

Durante las corridas de toros, que suelen ser de muerte, pero no del toro sino de los aficionados, el pueblo goza con las acrobacias de los toreros al paso que con chalinas, casacas u otras prendas que torean a las bestias, que por tarde sobrepasan a los 30 ó 40 cabezas.

La fiesta culminará con el traslado de las cruces hasta la cima de los cerros, entre cantos y brindis de licor. El retorno del símbolo cristiano al cerro es triste, las mujeres que son artistas para el llanto, estos días se explayan con su pena y entre lágrimas y rezos, descienden después de dejar en lo alto a la cruz, llorando y musitando las siguientes palabras “ahora nos encontramos solos, huérfanos por haber dejado nuestro Dios”.
Huancavelica, Tierra del Mercurio, festeja a lo grande la fiesta de las cruces. Desde los cuatro `suyos` hace poco han bajado en hombros de los fieles las cruces de `Cruz Pata` del barrio de Yananaco, cruz del Cerro Potocchi, del `Se`or de Potocchi`, la `Cruz Soltera` del barrio San Crist`bal, y del barrio de Santa Ana `Cruz del Se`or de Oropesa`. Las cruces bajaron al son de banda de pitureros, entre rezos, c`nticos, y bailes populares.
Ayer, 25 de mayo, el generoso pueblo de Huancavelica se dio cita en su plaza de Armas en donde previamente se instalaron grandes estrados y apreciaron el concurso de wacrapucus (corneta de cuerno de toro), pitureros y de afamadas bandas de músicos.

Quien llega a Huancavelica estos días verá con asombro, quizá, pero es casi seguro que con alegría, como año tras año lo idénticamente huancavelicano, lejos de perderse con el paso del tiempo lejos de perderse con el paso del tiempo, se va arraigando más en el sentimiento popular.

El día central, es día de corrida de toros y se anuncia con “harawi”, este día los obligados, traen los toros más bravos de las estancias más lejanas ayudados por los famosos jaladores de toros, que al son de las melodías de los “waqrapucus”, jalarán a los toros hasta la plaza de toros, ubicada al pie del cerro Potocchi.

Antes, durante la tarde y la noche, anunciando la fiesta, coloridos pasacalles de “pitureros” nos anuncian que ya ha llegado la fiesta de las cruces, quizá la fiesta más grande de la otrora Villa Rica de Oropesa

En la fiesta participa toda la población, propios y extraños se pierden en una celebración que llegó con los españoles y que no se fue con ellos, sino que se enraizó en estas tierras del sol.

Durante las corridas de toros, que suelen ser de muerte, pero no del toro sino de los aficionados, el pueblo goza con las acrobacias de los toreros al paso que con chalinas, casacas u otras prendas que torean a las bestias, que por tarde sobrepasan a los 30 ó 40 cabezas.

La fiesta culminará con el traslado de las cruces hasta la cima de los cerros, entre cantos y brindis de licor. El retorno del símbolo cristiano al cerro es triste, las mujeres que son artistas para el llanto, estos días se explayan con su pena y entre lágrimas y rezos, descienden después de dejar en lo alto a la cruz, llorando y musitando las siguientes palabras “ahora nos encontramos solos, huérfanos por haber dejado nuestro Dios”.

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